miércoles, 3 de noviembre de 2010

Poemas en servilletas arrojadas en un bar

Aquella mujer habitaba entre bares llenos de humo y cerveza, escribía siempre sus más simples y pusilánimes pensamientos, su letra corrida un tanto desordenada inundaba aquel improvisado lienzo…

Acostumbraba a sentarse entre lo más recóndito del lugar, alejada del mundo ella se disponía a crear armonía en sus textos mientras que se encontraba rodeada del caos, de calores infernales, de dolor y gritos, de peleas patéticas que atestaban el mismo bar cada día, cada tarde, cada noche…

Era una mujer callada, al menos eso oí decir a aquel hombre de barba naranja cuyos ojos  azules expresaban tristeza, él la recordaba con amor, siempre atento a sus manos activas, esas que observaba cada día, cada tarde, cada noche…
Nadie sabía el nombre de esa misteriosa mujer, nadie comprendía porque escribía poesía en un par de servilletas, las dejaba sobre la mesa y luego de unas cuantas horas ella abandonaba el lugar… Quizá jamás se detuvieron a leer las piezas de arte de aquella que una vez pudo expresar al mundo a través de su letra la pasión de ser madre y la devoción hacia aquellos que amaba…

Quizá nadie le invitó un trago y le ofreció un cuaderno, solo unas cuantas hojas, nadie jamás se detuvo a preguntarle porque frecuentaba los bares dejando servilletas llenas de letras que ningún ser podía comprender.

Su última obra he de poseerla entre mis frágiles manos, ahora comprendo que la soledad no es más que una compañera silenciosa que a veces lleva a la locura, ahora comprendo que en el mundo existen personas que levantan sus propias murallas para evitar la invasión de los sentimientos a través de la gente. Estoy leyendo las últimas líneas de una carta de amor plasmada en un  trozo de papel desgastado, estoy leyendo y sintiendo lo que aquella mujer solitaria deseaba gritarle al mundo. Ella solo quería abandonar el sitio donde erigió aquellos fuertes muros, pero su dolor y vergüenza a sentir le invadían cada vez que intentaba abandonar el lugar donde habitó durante tanto tiempo…

Me levanté del banco donde me encontraba sentada, me dirigí inmediatamente al hombre de barba naranja y le aventé la servilleta en el rostro, acto seguido salí corriendo por la puerta del bar, más, después de calmarme regresé por un trago.
Unos hombres al verme hacer mi entrada casi escondida me preguntaron porque había hecho mi acción de tal manera, mi respuesta fue casi inaudible, mas estos comprendieron…
Ya sentada en la barra me dispuse a beber cuando aquel hombre de ojos sinceros, ahora llorosos y entre sollozos me exclama:
-¡Ella sentía amor hacia mí y jamás me di cuenta! Ahora la he perdido y no hay nada más que hacer, desearía tenerle a mi lado para poder expresarme, para poder ahogar mis palabras en su mar de comprensión…
De repente su voz quebrada fue interrumpida por un estruendo descomunal, afuera acababa de suceder lo que muchos no veían venir…

Quedé en estado de shock, casi durante 5 horas, yacía tirada en el suelo con expresión de asombro pues escuché decir:

La mujer que frecuentaba este bar se encontraba en uno de los autos colisionados…


"Siempre hay tiempo para expresar nuestros sentimientos"